miércoles, 30 de diciembre de 2015

DE OPROBIOS Y VITUPERIOS

 Dicen que en la guerra y en el amor, lo valiente es saber retirarse a tiempo. Sin duda, aunque uno quede como un cobarde. El contexto te lleva al análisis del desenlace, y si éste no es conveniente, lo más sensato es la estrategia del repliegue, que para eso existe. ¿Pero quién habla de sensatez en cuestiones de guerra o amor? Quien lo haga es un insensato. La guerra la genera el odio, como  el desamor, y ahí no cabe razón alguna ni sensatez de emociones y sentimientos. De ahí, supongo, lo de "valiente"; mas el mundo parece ser estar formado por cobardes en relación a las guerras y por aquellas  perfidias amorosas que se han constatado a lo largo de la historia. O será que en tales materias nadie es capaz en su obsecación de advertir el desenlace. No hay nada más que mirar hacia nuestro país para encontrar confrontaciones inculcadas y rencillas mal curadas por el despropósito de mentes ancladas en vituperios del pasado. El tiempo avanza inexorable, pero es incapaz de borrar las huellas de los oprobios de los siglos. El odio es visceral y no me sorprendería que se marcase en esa parte denominada ADN basura. Es probable que todo se pueda evitar como opinan los más optimista si hay interés en ello, pero el interés de la guerra y el desamor es el odio. Y éste no lleva a ningún final optimista. La guerra son evitables para quien no la padece, igual que los males de desamor, pero en tales casos, y por ello, no hay palabras que consuelen la desdicha de quienes la sufren. 

DE OPROBIOS Y VITUPERIOS

 Dicen que en la guerra y en el amor, lo valiente es saber retirarse a tiempo. Sin duda, aunque uno quede como un cobarde. El contexto te lleva al análisis del desenlace, y si éste no es conveniente, lo más sensato es la estrategia del repliegue, que para eso existe. ¿Pero quién habla de sensatez en cuestiones de guerra o amor? Quien lo haga es un insensato. La guerra la genera el odio, como  el desamor, y ahí no cabe razón alguna ni sensatez de emociones y sentimientos. De ahí, supongo, lo de "valiente"; mas el mundo parece ser estar formado por cobardes en relación a las guerras y por aquellas  perfidias amorosas que se han constatado a lo largo de la historia. O será que en tales materias nadie es capaz en su obsecación de advertir el desenlace. No hay nada más que mirar hacia nuestro país para encontrar confrontaciones inculcadas y rencillas mal curadas por el despropósito de mentes ancladas en vituperios del pasado. El tiempo avanza inexorable, pero es incapaz de borrar las huellas de los oprobios de los siglos. El odio es visceral y no me sorprendería que se marcase en esa parte denominada ADN basura. Es probable que todo se pueda evitar como opinan los más optimista si hay interés en ello, pero el interés de la guerra y el desamor es el odio. Y éste no lleva a ningún final optimista. La guerra son evitables para quien no la padece, igual que los males de desamor, pero en tales casos, y por ello, no hay palabras que consuelen la desdicha de quienes la sufren. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

NI SANTOS NI DEMONIOS

Se dice que no se puede llegar al alba si no es por el sendero de la noche. Somos oscuridad y claridad al mismo tiempo. Somos un reflejo del Polifemo de Góngora. La complejidad del ser humano se diluye irremediablemente cuando intentamos rechazar alguna de ambas características de nuestra conciencia. Nunca podremos ser todo claridad u oscuridad, ni siendo santo ni demonio. La aceptación de quien somos es la aceptación de todo aquello que nos forma, y en eso que no hay cabida para desterrar esa dualidad. Estamos envuelto de viento, igualmente. Ese que nos arrastra el temperamento hacia un lado de la balanza u otro. Haríamos cualquier cosa por sobrevivir, y si no es así, pues uno se muere. Y guardamos nuestros oscuros pensamientos para cuando nadie nos oye. Nuestras pasiones están ahí, y de vez en cuando hay que hacerlas florecer para no confundir el lado que cada cual haya escogido, o simplemente se haya obligado a escoger por las circunstancias; o para trabajar por la claridad del carácter, aunque con ello pueda confundirse con un cordero apetecible para temperamentos algunos otros más lobeznos. A veces, únicamente, uno debe sacar a ese guerrero despiadado que asusta a esos hambrientos lobos al mismo tiempo desamparados e inopes devoradores de caracteres ajenos. La vida termina como empezó. En la Nada. Y aún así, nunca digas que no harás lo preciso por sobrevivir, física o psicológimente hablando. Somos máquinas entrenadas para ello, aunque nos pese, y la Historia está llena de ejemplos, unos más plausibles que otros.

NI SANTOS NI DEMONIOS

Se dice que no se puede llegar al alba si no es por el sendero de la noche. Somos oscuridad y claridad al mismo tiempo. Somos un reflejo del Polifemo de Góngora. La complejidad del ser humano se diluye irremediablemente cuando intentamos rechazar alguna de ambas características de nuestra conciencia. Nunca podremos ser todo claridad u oscuridad, ni siendo santo ni demonio. La aceptación de quien somos es la aceptación de todo aquello que nos forma, y en eso que no hay cabida para desterrar esa dualidad. Estamos envuelto de viento, igualmente. Ese que nos arrastra el temperamento hacia un lado de la balanza u otro. Haríamos cualquier cosa por sobrevivir, y si no es así, pues uno se muere. Y guardamos nuestros oscuros pensamientos para cuando nadie nos oye. Nuestras pasiones están ahí, y de vez en cuando hay que hacerlas florecer para no confundir el lado que cada cual haya escogido, o simplemente se haya obligado a escoger por las circunstancias; o para trabajar por la claridad del carácter, aunque con ello pueda confundirse con un cordero apetecible para temperamentos algunos otros más lobeznos. A veces, únicamente, uno debe sacar a ese guerrero despiadado que asusta a esos hambrientos lobos al mismo tiempo desamparados e inopes devoradores de caracteres ajenos. La vida termina como empezó. En la Nada. Y aún así, nunca digas que no harás lo preciso por sobrevivir, física o psicológimente hablando. Somos máquinas entrenadas para ello, aunque nos pese, y la Historia está llena de ejemplos, unos más plausibles que otros.

domingo, 20 de diciembre de 2015

TENEMOS LA SENSACIÓN DE QUE LO MALO SE OLVIDA PRONTO

De todos es sabido que el olvido crece más deprisa que la hierba sobre las tumbas. Si no fuera así, estaríamos extinguidos sin remedio. Sin embargo, el cerebro en sí mismo no olvida nada. Y cada olvido esconde el rastro de un recuerdo de lo acontecido. Si las experiencias negativas se suceden en el tiempo, esa especie de caja de Pandora  se va llenando. Y todo tiene un límite. Pasado éste, el recipiente empieza a quebrarse y deja al descubierto pequeños vestigio de lo que fue olvidado. No se rían por el símil. La cuestión es que esos vestigios van creciendo en forma de neuras o manías, y en los peores casos de fobias y traumas que pueden incluso bloquear o distorsionar para siempre nuestro campo emocional. Debemos tener cuidado de pensar que las cosas que nos pasan están superadas, porque es cuando más debilidad presentamos. En el fondo, nuestro cerebro no es mala gente -como se dice-, pero es puñetero. Tal como si de un barco corsario se tratara, acecha al vigía de la torre  y espera a que esté durmiendo para atacar la costa sin que salte el antiguo grito de "¡all 'arme!" ("¡A las armas!" = "Alarma").

TENEMOS LA SENSACIÓN DE QUE LO MALO SE OLVIDA PRONTO

De todos es sabido que el olvido crece más deprisa que la hierba sobre las tumbas. Si no fuera así, estaríamos extinguidos sin remedio. Sin embargo, el cerebro en sí mismo no olvida nada. Y cada olvido esconde el rastro de un recuerdo de lo acontecido. Si las experiencias negativas se suceden en el tiempo, esa especie de caja de Pandora  se va llenando. Y todo tiene un límite. Pasado éste, el recipiente empieza a quebrarse y deja al descubierto pequeños vestigio de lo que fue olvidado. No se rían por el símil. La cuestión es que esos vestigios van creciendo en forma de neuras o manías, y en los peores casos de fobias y traumas que pueden incluso bloquear o distorsionar para siempre nuestro campo emocional. Debemos tener cuidado de pensar que las cosas que nos pasan están superadas, porque es cuando más debilidad presentamos. En el fondo, nuestro cerebro no es mala gente -como se dice-, pero es puñetero. Tal como si de un barco corsario se tratara, acecha al vigía de la torre  y espera a que esté durmiendo para atacar la costa sin que salte el antiguo grito de "¡all 'arme!" ("¡A las armas!" = "Alarma").

domingo, 13 de diciembre de 2015

LOS INDECISOS

Los indecisos. Aquellos que quieren jugar a caballo ganador pero que no se aclaran. Vaya por dios. El ser humano es indeciso por naturaleza. Si uno no es indeciso, mala cosa. Si hablamos de elecciones, ese veinte por ciento a quienes todos los partidos políticos quieren seducir para decantar el triunfo de sus políticas en las próximas elecciones, se dejan dar coba, con el significado del lenguaje de los bajos fondos. Es su minuto de dos semanas de gloria. Hasta las elecciones. Cuando se tenga que elegir por fin qué "cojones" hacer con el tesoro voto. Ni gollum disfrutó tanto con su anillo. Los indecisos tienen la clave. Y no podría decir si es bueno o es malo. Pero espero que se tenga la dignidad de no decir después -"que me engañaron"-. Indeciso y engañado: esa es una mala combinación donde las haya. Sí, ya lo sé que es difícil, sobre todo cuando la política dejó de ser algo bien visto por la salida del armario de corruptelas, corrupción y puertas giratorias. ¿Y si hablamos del clima? Puaf. No viviré para ver el planeta de estiércol que vamos a dejar. Me río del acuerdo de la cumbre de París. También lo sé. No tengo nada que ver con el positivismo de Van Gaal. Estoy indeciso sobre el respecto. Vaya por dios, nuevamente, que he caido en mi propia desfachatez con lo de indeciso. La cuestión es que me temo que tanta indecisión dé igual resultado finalmente. Con una deuda nacional al 99 coma y algo si no me equivoco, poco va hacer cualesquiera que elijan para gobernar. El año que viene vuelve la penuria, hacia marzo calculo. Y de ahí hasta las próximas elecciones. Y del clima me siento escéptico sobre el acuerdo que todo el mundo aplaude para la foto y su cumplimiento. No me decido. Y otra vez los indecisos. Como en el día de la marmota, con el más peyorativo de sus significados.

LOS INDECISOS

Los indecisos. Aquellos que quieren jugar a caballo ganador pero que no se aclaran. Vaya por dios. El ser humano es indeciso por naturaleza. Si uno no es indeciso, mala cosa. Si hablamos de elecciones, ese veinte por ciento a quienes todos los partidos políticos quieren seducir para decantar el triunfo de sus políticas en las próximas elecciones, se dejan dar coba, con el significado del lenguaje de los bajos fondos. Es su minuto de dos semanas de gloria. Hasta las elecciones. Cuando se tenga que elegir por fin qué "cojones" hacer con el tesoro voto. Ni gollum disfrutó tanto con su anillo. Los indecisos tienen la clave. Y no podría decir si es bueno o es malo. Pero espero que se tenga la dignidad de no decir después -"que me engañaron"-. Indeciso y engañado: esa es una mala combinación donde las haya. Sí, ya lo sé que es difícil, sobre todo cuando la política dejó de ser algo bien visto por la salida del armario de corruptelas, corrupción y puertas giratorias. ¿Y si hablamos del clima? Puaf. No viviré para ver el planeta de estiércol que vamos a dejar. Me río del acuerdo de la cumbre de París. También lo sé. No tengo nada que ver con el positivismo de Van Gaal. Estoy indeciso sobre el respecto. Vaya por dios, nuevamente, que he caido en mi propia desfachatez con lo de indeciso. La cuestión es que me temo que tanta indecisión dé igual resultado finalmente. Con una deuda nacional al 99 coma y algo si no me equivoco, poco va hacer cualesquiera que elijan para gobernar. El año que viene vuelve la penuria, hacia marzo calculo. Y de ahí hasta las próximas elecciones. Y del clima me siento escéptico sobre el acuerdo que todo el mundo aplaude para la foto y su cumplimiento. No me decido. Y otra vez los indecisos. Como en el día de la marmota, con el más peyorativo de sus significados.

martes, 8 de diciembre de 2015

LOS CONCEPTOS NO EXISTEN EN SÍ MISMOS

Que no existan de por sí no significa que no estén ahí. Los conceptos son procesos convencionales, esto es, de creación social. La inteligencia, dios, La Naturaleza, el amor, el odio, la vida, la verdad, etc, etc, son elucubraciones abstractas para catalogar y definir el entorno, y por ende, el mundo y el universo que nos rodea, conocido o desconocido. Se podría entender como mitología. Ojos que ven, corazón que siente. Cada concepto abstrato ha evolucionado en su definición tantas veces como generaciones han pasado por el existencia de la humanidad. El concepto de inteligencia, por ejemplo, ¿por cuántas definiciones ha pasado a lo largo de la historia? Los conceptos se adaptan al entorno social y a sus necesidades y descubrimientos. Pero son, al mismo tiempo, los que marcan nuestra personalidad, emociones, relaciones sociales, nuestros complejos, neurosis, depresiones, y nuevamente etc, etc. Aferrarse a las definiciones de los conceptos sin evolucionar con ellos, convierte nuestros pensamientos (basados en nuestros conceptos vitales) en anacronismos sociales. Los conceptos evolucionan demasiado deprisa (parejos a los cambios sociales) para el cerebro, que tiende con la edad al inmovilismo conceptual como premisa para la conservación de la especie. Y finalmente, agotados de luchar contra el cerebro, nos dejamos llevar. Tal vez, la lucha del hombre sea la lucha de la conciencia contra el cerebro. Pero la conciencia es relativamente moderna temporalmente hablando con respecto a la edad del anciano cerebro que surgió de las profundidades del Tiempo. El cerebro es ancestral y sabe más por ello que por su capacidad vital inconsciente para manipular nuestros procesos mentales. Los conceptos son sólo referencias de pensamientos, y responde a una limitada respuesta relacionada con nuestra experiencia y las consecuencias que deducimos de ella.