martes, 26 de abril de 2016

OPORTUNIDADES

 Para muchos, saber aprovechar todas las oportunidades que se te presentan es el mejor mérito que uno pueda alcanzar. La cuestión es que tal cosa es como tal improbable que se cumpla. Sin errores no hay aprendizaje ni experiencia. Y sin éstas, las oportunidades jamás serán reconocidas. Con aprovechar la mitad de las oportunidades estaría bien y sería de un gran mérito; o con tan sólo una, pero que sea un "gran oportunidad". Como en la bildungsroman Grandes Esperanzas de Charles Dickens, las oportunidades representan un destello de necesidad para el propio género humano. O tal que puede pasar que las oportunidades lleguen al estilo del muy español Lazarillo de Tormes o si quieren al estilo alemán de Simplicius Simplicíssimus. En realidad las oportunidades no existen sin que halla apreciación de ello. Para algunos todo está lleno de oportunidades y para otros, siempre habrá una excusa para la falta de ellas sin tener en cuenta las lamentadas como perdidas o pasadas. Es como el optimismo. Sin embargo, la base para apreciar una oportunidad radica en la posibilidad de poder elegir. Sin el parámetro de libre elección no hay posibilidad de definir una oportunidad. Por otro lado, la libre elección sobre ciertos asuntos es más que relativa o influenciada. Así que nuestro concepto de oportunidad será igualmente relativo o influenciado. Pese a todo, oportunidad y libre elección juntas, logran felicidades que jamás podrían describirse en su totalidad. Y cualquier atisbo de felicidad no es motivo de desprecio, pues escasea por sí misma. Y no; no creo que siempre se tenga la oportunidad elegir.

OPORTUNIDADES

 Para muchos, saber aprovechar todas las oportunidades que se te presentan es el mejor mérito que uno pueda alcanzar. La cuestión es que tal cosa es como tal improbable que se cumpla. Sin errores no hay aprendizaje ni experiencia. Y sin éstas, las oportunidades jamás serán reconocidas. Con aprovechar la mitad de las oportunidades estaría bien y sería de un gran mérito; o con tan sólo una, pero que sea un "gran oportunidad". Como en la bildungsroman Grandes Esperanzas de Charles Dickens, las oportunidades representan un destello de necesidad para el propio género humano. O tal que puede pasar que las oportunidades lleguen al estilo del muy español Lazarillo de Tormes o si quieren al estilo alemán de Simplicius Simplicíssimus. En realidad las oportunidades no existen sin que halla apreciación de ello. Para algunos todo está lleno de oportunidades y para otros, siempre habrá una excusa para la falta de ellas sin tener en cuenta las lamentadas como perdidas o pasadas. Es como el optimismo. Sin embargo, la base para apreciar una oportunidad radica en la posibilidad de poder elegir. Sin el parámetro de libre elección no hay posibilidad de definir una oportunidad. Por otro lado, la libre elección sobre ciertos asuntos es más que relativa o influenciada. Así que nuestro concepto de oportunidad será igualmente relativo o influenciado. Pese a todo, oportunidad y libre elección juntas, logran felicidades que jamás podrían describirse en su totalidad. Y cualquier atisbo de felicidad no es motivo de desprecio, pues escasea por sí misma. Y no; no creo que siempre se tenga la oportunidad elegir.

viernes, 22 de abril de 2016

EL VIEJO PROVERBIO CHINO

Un viejo proverbio chino  expresa que "el maestro aparece cuando el alumno está listo". Pero en realidad, en la mayoría de los casos, el maestro nunca llega. No es una novedad que el talento se desaproveche, claro que habría que definir que el talento no siempre es una expectativa social, puesto que representa, en cierto modo, un desafío al pensamiento social en sí mismo. No obstante, como se dice, perdemos "las mejores", y también "los mejores", que van siendo devorados por el rotar del distino, poniéndonos melodramático. Sólo los más sumisos de los talentos se abren paso sobre la turba de seguidores que sustentan un sistema social en pos de recompensa o interés social. Todo lo nuevo no es malo, es un reto. Pero, todo pensamiento nuevo que vaya en contra de los pilares sobre el que se forja el sistema social, sí lo es. Lo prudente es no decidirse hasta que uno esté acorralado. Ya sé que parece algo de cobardes, pero la supervivencia y el logro del bienestar personal no tienen ningún inconveniente en ello. El Quijote ya nos dejó clara la lección. Siempre será un loco erasmista, o al menos, pseudoerasmista. La vuelta a la Naturaleza y todo eso. Mirando en el tiempo, la lección casi está aprendida en un noventa por ciento de la Sociedad. La Occidental, of courses. Las otras, tendrán otros "Quijotes" que les habrá enseñado a no pisar donde hay tierra movediza. El mejor maestro está entre las líneas de los grandes libros; famosos o no tanto, ocultos o denostados, olvidados o descatalogados. Como era aquello, ah, sí: "Si lees lo mismo que los demás, terminarás creyendo  lo mismo que los demás, y sin duda, pensarás como los demás", y el talento no se nutre de esta máxima. Moraleja: Si eres un alumno listo, no espere a tu maestro. Aprende como puedas. El "Maestro" no existe.

EL VIEJO PROVERBIO CHINO

Un viejo proverbio chino  expresa que "el maestro aparece cuando el alumno está listo". Pero en realidad, en la mayoría de los casos, el maestro nunca llega. No es una novedad que el talento se desaproveche, claro que habría que definir que el talento no siempre es una expectativa social, puesto que representa, en cierto modo, un desafío al pensamiento social en sí mismo. No obstante, como se dice, perdemos "las mejores", y también "los mejores", que van siendo devorados por el rotar del distino, poniéndonos melodramático. Sólo los más sumisos de los talentos se abren paso sobre la turba de seguidores que sustentan un sistema social en pos de recompensa o interés social. Todo lo nuevo no es malo, es un reto. Pero, todo pensamiento nuevo que vaya en contra de los pilares sobre el que se forja el sistema social, sí lo es. Lo prudente es no decidirse hasta que uno esté acorralado. Ya sé que parece algo de cobardes, pero la supervivencia y el logro del bienestar personal no tienen ningún inconveniente en ello. El Quijote ya nos dejó clara la lección. Siempre será un loco erasmista, o al menos, pseudoerasmista. La vuelta a la Naturaleza y todo eso. Mirando en el tiempo, la lección casi está aprendida en un noventa por ciento de la Sociedad. La Occidental, of courses. Las otras, tendrán otros "Quijotes" que les habrá enseñado a no pisar donde hay tierra movediza. El mejor maestro está entre las líneas de los grandes libros; famosos o no tanto, ocultos o denostados, olvidados o descatalogados. Como era aquello, ah, sí: "Si lees lo mismo que los demás, terminarás creyendo  lo mismo que los demás, y sin duda, pensarás como los demás", y el talento no se nutre de esta máxima. Moraleja: Si eres un alumno listo, no espere a tu maestro. Aprende como puedas. El "Maestro" no existe.

lunes, 18 de abril de 2016

LA PROBABILIDADES DE LA FELICIDAD

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haber entrado en nuestro camino. Desprenden algo intangible difícil de describir. Y tal vez todo haya sido por casualidad. El azar puede ser tan mezquino como complaciente. O llámenlo Fortuna no como la marca de cigarrillos sino como la diosa romana que merece su nombre. Estamos rodeados de azares, unos tan buenos como otros tan malos. Ojalá que la probabilidad en nuestra buena suerte sea al menos la de una cara de la moneda tirada al aire al caer (50%). Tan sólo con esa probabilidad seríamos sin duda felices. Los griegos tenían a Tique  como semejante diosa en su mitología, y eso deja a éstos y a los antiguos romanos algo así como supersticiosos y agoreros. Pero siendo justo, para alcanzar algún atisbo de paz interior y felicidad temporal es necesario algo de Fortuna. Pero nada es eterno. Y sin embargo, me vale lo que traiga la buena dea romana  -como diría el poeta-. Qué importa que sea por casualidad que esas personas aparezcan en nuestro camino. ¿A vuestras mercedes les importa? No apuesten en contra de tan lujoso designio. Pues, la dicha es tan efímera como la desdicha, a pesar de lo que suela parecer. Hay personas que "chupan" tus energías, y las hay que las recargan simplemente estando ahí. Lo malo no existe sin la comparación de lo bueno. La felicidad en muchas ocasiones viene disfrazada y sin avisar, y dejarla pasar de largo sería un mal augurio para nuestro futuro devenir.

LA PROBABILIDADES DE LA FELICIDAD

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haber entrado en nuestro camino. Desprenden algo intangible difícil de describir. Y tal vez todo haya sido por casualidad. El azar puede ser tan mezquino como complaciente. O llámenlo Fortuna no como la marca de cigarrillos sino como la diosa romana que merece su nombre. Estamos rodeados de azares, unos tan buenos como otros tan malos. Ojalá que la probabilidad en nuestra buena suerte sea al menos la de una cara de la moneda tirada al aire al caer (50%). Tan sólo con esa probabilidad seríamos sin duda felices. Los griegos tenían a Tique  como semejante diosa en su mitología, y eso deja a éstos y a los antiguos romanos algo así como supersticiosos y agoreros. Pero siendo justo, para alcanzar algún atisbo de paz interior y felicidad temporal es necesario algo de Fortuna. Pero nada es eterno. Y sin embargo, me vale lo que traiga la buena dea romana  -como diría el poeta-. Qué importa que sea por casualidad que esas personas aparezcan en nuestro camino. ¿A vuestras mercedes les importa? No apuesten en contra de tan lujoso designio. Pues, la dicha es tan efímera como la desdicha, a pesar de lo que suela parecer. Hay personas que "chupan" tus energías, y las hay que las recargan simplemente estando ahí. Lo malo no existe sin la comparación de lo bueno. La felicidad en muchas ocasiones viene disfrazada y sin avisar, y dejarla pasar de largo sería un mal augurio para nuestro futuro devenir.

miércoles, 13 de abril de 2016

AMARSE A UNO MISMO NO ES UN PECADO CAPITAL

Oscar Wilde escribía aquello de "amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida". Sin duda, una gran aventura. Egoísmo para algunos. Lo cierto es que sin amarse a uno mismo, la confianza, igualmente en uno mismo, no existiría. Digan quererte si quieren. Y la confianza es primordial para sobrevivir en esta jungla de asfalto bacheado. Por otra parte, para amarse o quererse es indispensable conocerse a sí mismo. Si no fuera así, uno actuaría condicionado por las pasiones más profundas surgidas del abismo de los pensamientos de ese desconocido cerebro que nos guarda y los guarda. Y ésto sería como mínimo egoísmo, egolatría o mera megalomanía. Nada tiene que ver quererse uno mismo a dejar que las pasiones dominen nuestro ego. Para muchos sólo habrá un tupido velo de diferencia, si la ven; para otros, ni siquiera eso. O se es egoísta o altruista, y si  quererse a sí mismo es egoismo, entonces, ser altruista, sería alguien falto de confianza en sí mismo para ser egoísta. Así se juntan en el mismo plano confianza y egoísmo. De ahí el valor de la frase que abre el post. La vida es una gran aventura y parte del conocimiento de nosotros mismo. De este conocimiento parte la confianza. Y de la confianza nacen y se crean los sueños. Y con los sueños, el Mundo avanza. En una vuelta de tuerca más, dos conceptos de confianza se enfrentan, el egoísta que destruye a su paso, y el que nace de quererse a uno mismo por encima de las pasiones límbicas. El lenguaje es un mar sin fondo que engulle casi cualquier pensamiento que se precie de serlo cuando se fuerzan los múltiples  significados de las palabra por encima del propio  contexto. Y después queda aquello de que "amarse a uno mismo siempre trae inesperadas consecuencias". Pero todo tiene consecuencias. Aunque ¿inesperadas? Tal vez no todo.

AMARSE A UNO MISMO NO ES UN PECADO CAPITAL

Oscar Wilde escribía aquello de "amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida". Sin duda, una gran aventura. Egoísmo para algunos. Lo cierto es que sin amarse a uno mismo, la confianza, igualmente en uno mismo, no existiría. Digan quererte si quieren. Y la confianza es primordial para sobrevivir en esta jungla de asfalto bacheado. Por otra parte, para amarse o quererse es indispensable conocerse a sí mismo. Si no fuera así, uno actuaría condicionado por las pasiones más profundas surgidas del abismo de los pensamientos de ese desconocido cerebro que nos guarda y los guarda. Y ésto sería como mínimo egoísmo, egolatría o mera megalomanía. Nada tiene que ver quererse uno mismo a dejar que las pasiones dominen nuestro ego. Para muchos sólo habrá un tupido velo de diferencia, si la ven; para otros, ni siquiera eso. O se es egoísta o altruista, y si  quererse a sí mismo es egoismo, entonces, ser altruista, sería alguien falto de confianza en sí mismo para ser egoísta. Así se juntan en el mismo plano confianza y egoísmo. De ahí el valor de la frase que abre el post. La vida es una gran aventura y parte del conocimiento de nosotros mismo. De este conocimiento parte la confianza. Y de la confianza nacen y se crean los sueños. Y con los sueños, el Mundo avanza. En una vuelta de tuerca más, dos conceptos de confianza se enfrentan, el egoísta que destruye a su paso, y el que nace de quererse a uno mismo por encima de las pasiones límbicas. El lenguaje es un mar sin fondo que engulle casi cualquier pensamiento que se precie de serlo cuando se fuerzan los múltiples  significados de las palabra por encima del propio  contexto. Y después queda aquello de que "amarse a uno mismo siempre trae inesperadas consecuencias". Pero todo tiene consecuencias. Aunque ¿inesperadas? Tal vez no todo.

lunes, 4 de abril de 2016

DESTRUYENDO FRASES

Según San Gregorio "el que está contento con su pobreza es rico". Parece éste un pensamiento Zen. Sin embargo, la grandeza de la frase es que para casi la totalidad del género humano tal manera de pensar representa una total utopía. Todos necesitamos intentar salir del umbral de la pobreza. Es una evolución lógica de la especie. Y tal vez esa persecusión en la que embarcamos nos cause más tristezas que alegrías. Sin duda. La riqueza jamás será baluarte de felicidad, mas La pobreza jamás será un aliciente para ser felices. Y conformarse con esta última no es riqueza, es consentimiento hacia la jerarquía social de clases y no deja de ser, por otro lado, un pensamiento reaccionario. "No es oro todo lo que reluce", y el pensamiento cultural de cientos de siglos está lleno de la verdad del refrán. Que lleve "San" delante de un nombre no aleja la sopecha de la ubicuidad de los pensamientos sumisos que apoyan el tradicional orden establecido socialmente sobre el merecimiento divino de las riquezas que unos pocos poseen en detrimentos de muchos. Más que méritos de esos pocos, es meretriz de muchos. O tal vez sea pura envidia, o no tan pura. O hipocresía. O cinismo. O... Cada cual que aprecie su propia definición, pero sin duda, sea cual sea, nuestra frase inicial no tiene nada ver con el pensamiento Zen, aunque sí que expresa una dulce imitación de la filosofía oriental.

DESTRUYENDO FRASES

Según San Gregorio "el que está contento con su pobreza es rico". Parece éste un pensamiento Zen. Sin embargo, la grandeza de la frase es que para casi la totalidad del género humano tal manera de pensar representa una total utopía. Todos necesitamos intentar salir del umbral de la pobreza. Es una evolución lógica de la especie. Y tal vez esa persecusión en la que embarcamos nos cause más tristezas que alegrías. Sin duda. La riqueza jamás será baluarte de felicidad, mas La pobreza jamás será un aliciente para ser felices. Y conformarse con esta última no es riqueza, es consentimiento hacia la jerarquía social de clases y no deja de ser, por otro lado, un pensamiento reaccionario. "No es oro todo lo que reluce", y el pensamiento cultural de cientos de siglos está lleno de la verdad del refrán. Que lleve "San" delante de un nombre no aleja la sopecha de la ubicuidad de los pensamientos sumisos que apoyan el tradicional orden establecido socialmente sobre el merecimiento divino de las riquezas que unos pocos poseen en detrimentos de muchos. Más que méritos de esos pocos, es meretriz de muchos. O tal vez sea pura envidia, o no tan pura. O hipocresía. O cinismo. O... Cada cual que aprecie su propia definición, pero sin duda, sea cual sea, nuestra frase inicial no tiene nada ver con el pensamiento Zen, aunque sí que expresa una dulce imitación de la filosofía oriental.