martes, 31 de mayo de 2016

DAME PAN, Y LLÁMAME TONTO

Nuestro cerebro está lleno de utopías; o pajarillos mentales, si quieren. Están ahí, sin molestar a nadie, pululando cual grácil mariposa de alas coloreadas. Y ahí deben de quedar, sin pasar a la conciencia o procesarse como fin de la existencia vital. Sí, ya. Sin utopías no hay progreso ni metas a batir y todo eso. Verdad. Pero no son utopías las cosas que pueden lograrse, sino aquellas que jamás se lograrán. Sí, ya. Si no se intenta no se consigue. O mejor luchar que ver la tele y aplanarte el coco. También es verdad. Pero no son utopías. Una utopía es creer, por ejemplo, que "el Hombre no se comerá al Hombre". La mujeres tampoco se libran, no crean. Pensar en cambio que el Hombre llegará a Marte, no es una utopía, es un hecho inalcanzable momentáneamente. Creer que Dios existe, válgame el castigo del susodicho, es una utopía, a pesar de los pesares (imitando aquello del "cantar de los cantares"), aunque creer en él no lo sea. Así que, "dame pan, y llámame tonto". También vale "tírame pan y llámame perro". Y demás variedades. No estoy siendo nada realista creyendo que esos pajarillos deban aletear en una parte del cerebro alejada del procesamiento de la información cotidiana que nos trae el día a día, valga la redundancia, puesto que, de hecho, están influyendo constantemente en nuestra personalidad. Las utopías son buenas y bellas, y sirven como bálsamos de esperanza, pero una vez que cumplen su función, habría que dejar que se conviertan en orugas.

DAME PAN, Y LLÁMAME TONTO

Nuestro cerebro está lleno de utopías; o pajarillos mentales, si quieren. Están ahí, sin molestar a nadie, pululando cual grácil mariposa de alas coloreadas. Y ahí deben de quedar, sin pasar a la conciencia o procesarse como fin de la existencia vital. Sí, ya. Sin utopías no hay progreso ni metas a batir y todo eso. Verdad. Pero no son utopías las cosas que pueden lograrse, sino aquellas que jamás se lograrán. Sí, ya. Si no se intenta no se consigue. O mejor luchar que ver la tele y aplanarte el coco. También es verdad. Pero no son utopías. Una utopía es creer, por ejemplo, que "el Hombre no se comerá al Hombre". La mujeres tampoco se libran, no crean. Pensar en cambio que el Hombre llegará a Marte, no es una utopía, es un hecho inalcanzable momentáneamente. Creer que Dios existe, válgame el castigo del susodicho, es una utopía, a pesar de los pesares (imitando aquello del "cantar de los cantares"), aunque creer en él no lo sea. Así que, "dame pan, y llámame tonto". También vale "tírame pan y llámame perro". Y demás variedades. No estoy siendo nada realista creyendo que esos pajarillos deban aletear en una parte del cerebro alejada del procesamiento de la información cotidiana que nos trae el día a día, valga la redundancia, puesto que, de hecho, están influyendo constantemente en nuestra personalidad. Las utopías son buenas y bellas, y sirven como bálsamos de esperanza, pero una vez que cumplen su función, habría que dejar que se conviertan en orugas.

viernes, 27 de mayo de 2016

LA AMENAZA DEL BUEN EJEMPLO

Cualquier intento de socialización será siempre considerado como antidemocrático a ojos de los grandes intereses económicos que mecen la cuna de la Sociedad. La Democracia entendida por estos intereses económicos es una apología al terror de permitir el bienestar social para la mayor cantidad de individuos de una Sociedad. Para estos poderes económicos, la democracia sólo es Democracia si se sostiene en la supremacía de los grandes capitales económicos. Perseguir el bienestar social como referencia política encarece la mano de obra. !Oh, no¡ No, señor. Eso es malo para las grandes empresas internacionales, nacionales y sus respectivos empresarios y accionistas. Abaratar coste laborales a costa de perseguir un sistema político que propugne la mejoría social de la población es Democracia. Facilitar el acceso de la población a la educación y la salud es democracia con la boca chica y casi un pecado inconfesable. Fabricar y reconstruir sin pudor en países arruinados para obtener mano de obra barata con tasas de contaminación excesiva es Democracia. Y "Reforma"  es la pantalla dialéctica social aunque lleve a la pobreza general frente a "Recorte" (social) que sería la palabra correcta y fiel en significado.  Mejor "Investigado" que "imputado", que denota la implicación feacientemente demostrada del supuesto delito. La Corrupción es un Derecho en cualquier Democracia basada en criterios macroeconómicos. La política del terror siempre funciona en el ser humano. El Sistema Público que favorece al Poder de control de la Democracia siempre existirá. Lo demás siempre será externalizado. El Buen ejemplo social es una aberración al Sistema Económico que basa su poder en la desmesurada productividad a costes salariales mínimos e insuficientes para incluso malvivir. La Sindicación social es la aberración de las aberraciones de la Democracia...
...Por eso, no estaría mal que se cumpliera las utopías que hicieran que desapareciera esa "D-" y se convirtiera en "democracia" a secas, sin sus connotaciones explícitas a los grandes intereses económicos.

LA AMENAZA DEL BUEN EJEMPLO

Cualquier intento de socialización será siempre considerado como antidemocrático a ojos de los grandes intereses económicos que mecen la cuna de la Sociedad. La Democracia entendida por estos intereses económicos es una apología al terror de permitir el bienestar social para la mayor cantidad de individuos de una Sociedad. Para estos poderes económicos, la democracia sólo es Democracia si se sostiene en la supremacía de los grandes capitales económicos. Perseguir el bienestar social como referencia política encarece la mano de obra. !Oh, no¡ No, señor. Eso es malo para las grandes empresas internacionales, nacionales y sus respectivos empresarios y accionistas. Abaratar coste laborales a costa de perseguir un sistema político que propugne la mejoría social de la población es Democracia. Facilitar el acceso de la población a la educación y la salud es democracia con la boca chica y casi un pecado inconfesable. Fabricar y reconstruir sin pudor en países arruinados para obtener mano de obra barata con tasas de contaminación excesiva es Democracia. Y "Reforma"  es la pantalla dialéctica social aunque lleve a la pobreza general frente a "Recorte" (social) que sería la palabra correcta y fiel en significado.  Mejor "Investigado" que "imputado", que denota la implicación feacientemente demostrada del supuesto delito. La Corrupción es un Derecho en cualquier Democracia basada en criterios macroeconómicos. La política del terror siempre funciona en el ser humano. El Sistema Público que favorece al Poder de control de la Democracia siempre existirá. Lo demás siempre será externalizado. El Buen ejemplo social es una aberración al Sistema Económico que basa su poder en la desmesurada productividad a costes salariales mínimos e insuficientes para incluso malvivir. La Sindicación social es la aberración de las aberraciones de la Democracia...
...Por eso, no estaría mal que se cumpliera las utopías que hicieran que desapareciera esa "D-" y se convirtiera en "democracia" a secas, sin sus connotaciones explícitas a los grandes intereses económicos.

lunes, 23 de mayo de 2016

EL VALOR DE LAS COSAS

Georges Clemenceau decía que "todo lo grande no es siempre bueno, pero todas las cosas buenas son grandes". Tal vez no conocía aquello de "caballo grande, ande o no ande". Sin duda su talento como político nos dejó muchas frases (del entresijo político mayormente, causa que me las tome a risa más que en serio), pero me quedo con ésta (que tiene muchas probabilidades de no ser siquiera de él). Al contrario de lo que pensaba Clemenceau, todo lo grande deslumbra quiera uno o no lo quiera. Así pues, ya de por sí tiene un valor añadido, el de llamar la atención de terceros. Y eso en ciertos círculos es bueno; pero en otros no. Eso nos lleva apensar que el valor de lo grande y lo pequeño es tan relativo que sólo atañe al propio valor que le concedemos. Había una historia por ahí que leí en no sé donde de un aventurero buscador de perlas que tuvo "la mala" suerte de encontrarlas tan negras como la pez, lo que en aquel entonces no valía ni un pimiento -como se diría-. Muchos se rieron de él y sus perlas. Pero intuyendo ya que el Universo se mueve por conceptos llenos de relatividad, expuso sus desconocidas perlas negras en el mismísimo Tiffany's de New York que ya despuntaba por aquél entonces como la más prestigiosa tienda de joyería de todo los EE.UU. No contento con eso, le dió el toque maestro: le puso un elevado precio. Ya imaginan el final: "se las quitaron de la manos". O mejor dicho, del escaparate. Y se le agotó la existencia de perlas negras. Y se hizo millonario con un producto que no valía en teoría nada de nada. Qué bonita historia ¿verdad? Que voy a decir. Hay cientos de ejemplos como éste. Y uno no debería descuidarse en creer en el valor de las cosas por el tamaño que tienen, sino por la expectativa del valor que pueden llegar a alcanzar dentro de la mente y el corazón humano.

EL VALOR DE LAS COSAS

Georges Clemenceau decía que "todo lo grande no es siempre bueno, pero todas las cosas buenas son grandes". Tal vez no conocía aquello de "caballo grande, ande o no ande". Sin duda su talento como político nos dejó muchas frases (del entresijo político mayormente, causa que me las tome a risa más que en serio), pero me quedo con ésta (que tiene muchas probabilidades de no ser siquiera de él). Al contrario de lo que pensaba Clemenceau, todo lo grande deslumbra quiera uno o no lo quiera. Así pues, ya de por sí tiene un valor añadido, el de llamar la atención de terceros. Y eso en ciertos círculos es bueno; pero en otros no. Eso nos lleva apensar que el valor de lo grande y lo pequeño es tan relativo que sólo atañe al propio valor que le concedemos. Había una historia por ahí que leí en no sé donde de un aventurero buscador de perlas que tuvo "la mala" suerte de encontrarlas tan negras como la pez, lo que en aquel entonces no valía ni un pimiento -como se diría-. Muchos se rieron de él y sus perlas. Pero intuyendo ya que el Universo se mueve por conceptos llenos de relatividad, expuso sus desconocidas perlas negras en el mismísimo Tiffany's de New York que ya despuntaba por aquél entonces como la más prestigiosa tienda de joyería de todo los EE.UU. No contento con eso, le dió el toque maestro: le puso un elevado precio. Ya imaginan el final: "se las quitaron de la manos". O mejor dicho, del escaparate. Y se le agotó la existencia de perlas negras. Y se hizo millonario con un producto que no valía en teoría nada de nada. Qué bonita historia ¿verdad? Que voy a decir. Hay cientos de ejemplos como éste. Y uno no debería descuidarse en creer en el valor de las cosas por el tamaño que tienen, sino por la expectativa del valor que pueden llegar a alcanzar dentro de la mente y el corazón humano.

miércoles, 18 de mayo de 2016

MOVERSE Y ROMPER COSAS

Muévete rápido y rompe cosas. Si no estás rompiendo cosas, no te estás moviendo lo suficientemente rápido. Esa es la idea de Mark Zuckerberg. En el fondo es casi filosofía zen, pero en bruto. Le falta la sutileza de la expresión. Sin embargo, el fondo contienen sin duda un aire de filosofía oriental. La clave tal vez es saber qué significa ese "rompe cosas". Será literal o un significado que esconde una interpretación extendida de la  semántica. ¿Es esa la idea que le ha llevado a donde está ahora? O es una ocurrencia de esas que salen para justificar y diferenciar su propio éxito del puro azar. Un punto en el tiempo, un momento y una idea se juntan para el éxito. Eso es azar. La lucha por esa idea en ese punto de tiempo y momento: eso es trabajo. El mundo no se concentra en una frase o en una idea. Todo está lleno de ideas y frases elocuentes, o no tanto, que intentan resumir la existencia a un conjunto de significados. Es una pobre interpretación del mismo valor del lenguaje. Moverse rápido y romper cosas parece un concepto juvenil lleno de desparpajo. Dicen que quien fue despacio llegó más lejos. Todo se muestra tan  confuso. Es una frase para adictos a simplificar la conciencia de la propia superviviencia. Cada uno hace lo que puede en este dichoso mundo para irse a dormir y volver a despertar. Vaya, parece que hoy he tomado cerveza sin alcohol. No hagan caso. Aunque uno no se entere del pensamiento que encierra, y nunca mejor verbo serviría para expresar tal hecho.

MOVERSE Y ROMPER COSAS

Muévete rápido y rompe cosas. Si no estás rompiendo cosas, no te estás moviendo lo suficientemente rápido. Esa es la idea de Mark Zuckerberg. En el fondo es casi filosofía zen, pero en bruto. Le falta la sutileza de la expresión. Sin embargo, el fondo contienen sin duda un aire de filosofía oriental. La clave tal vez es saber qué significa ese "rompe cosas". Será literal o un significado que esconde una interpretación extendida de la  semántica. ¿Es esa la idea que le ha llevado a donde está ahora? O es una ocurrencia de esas que salen para justificar y diferenciar su propio éxito del puro azar. Un punto en el tiempo, un momento y una idea se juntan para el éxito. Eso es azar. La lucha por esa idea en ese punto de tiempo y momento: eso es trabajo. El mundo no se concentra en una frase o en una idea. Todo está lleno de ideas y frases elocuentes, o no tanto, que intentan resumir la existencia a un conjunto de significados. Es una pobre interpretación del mismo valor del lenguaje. Moverse rápido y romper cosas parece un concepto juvenil lleno de desparpajo. Dicen que quien fue despacio llegó más lejos. Todo se muestra tan  confuso. Es una frase para adictos a simplificar la conciencia de la propia superviviencia. Cada uno hace lo que puede en este dichoso mundo para irse a dormir y volver a despertar. Vaya, parece que hoy he tomado cerveza sin alcohol. No hagan caso. Aunque uno no se entere del pensamiento que encierra, y nunca mejor verbo serviría para expresar tal hecho.

domingo, 15 de mayo de 2016

LA IMPORTANCIA DE SABER CAER

Que los gatos tienen siete vidas de todos es sabido. Tenga alguna certeza tal afirmación o no. Pero los puñeteros, con cariño, siempre caen de pie. Es cuestión de equilibrio. Los seres humanos caemos de boca y nos partimos los piños. Lo del equilibrio lo llevamos mal. Nos levantamos, y a la siguiente, caemos otra vez de boca tropezando con la misma piedra. Algunos ponen las manos y amortiguan. Eso es saber caer. Otros caminan despacio después de caerse. También es una opción. Los hay que empujan antes de caer y de los que te agarran diciendo: -"¡tú conmigo!"-. Después nos reímos, pero antes miramos por si alguien nos ha visto caer. Es instintivo. Unos miran; otros ayudan. Los que se ríen de otros que se caen después se quejan de que no les ayudan cuando ellos son la acción del verbo. Los que ayudan, cuando se caen, se quedan sentado a ver quien les ayuda. Muchos caemos por puro azar sin entender cómo ha ocurrido. También pasa que muchas veces  se nos doblan las rodillas así como así. Que caída más tonta -pensarán-, pero es la más sincera de todas. Siempre se ha dicho que es mejor nacer con estrella que estrellado. A estos últimos se les llamaría gafe. Atraen la mala suerte con todas sus fuerzas. Existen, ya creo que existen. También los hay cenizos, que no es lo mismo. Estos últimos son más destructivo, porque construyen la mala suerte con ese pesimismo innato que quema hasta la sonrisa más alegre y desinteresada. Saber caer es importante pues sólo queda levantarse. Caer en sí no tiene un significado glorioso sino es por su emparejamiento con su antónimo. "Torres más alta han caído" que jamás se volvieron a levantarse. Y aún así, el Mundo continúa. De caída en caída.

LA IMPORTANCIA DE SABER CAER

Que los gatos tienen siete vidas de todos es sabido. Tenga alguna certeza tal afirmación o no. Pero los puñeteros, con cariño, siempre caen de pie. Es cuestión de equilibrio. Los seres humanos caemos de boca y nos partimos los piños. Lo del equilibrio lo llevamos mal. Nos levantamos, y a la siguiente, caemos otra vez de boca tropezando con la misma piedra. Algunos ponen las manos y amortiguan. Eso es saber caer. Otros caminan despacio después de caerse. También es una opción. Los hay que empujan antes de caer y de los que te agarran diciendo: -"¡tú conmigo!"-. Después nos reímos, pero antes miramos por si alguien nos ha visto caer. Es instintivo. Unos miran; otros ayudan. Los que se ríen de otros que se caen después se quejan de que no les ayudan cuando ellos son la acción del verbo. Los que ayudan, cuando se caen, se quedan sentado a ver quien les ayuda. Muchos caemos por puro azar sin entender cómo ha ocurrido. También pasa que muchas veces  se nos doblan las rodillas así como así. Que caída más tonta -pensarán-, pero es la más sincera de todas. Siempre se ha dicho que es mejor nacer con estrella que estrellado. A estos últimos se les llamaría gafe. Atraen la mala suerte con todas sus fuerzas. Existen, ya creo que existen. También los hay cenizos, que no es lo mismo. Estos últimos son más destructivo, porque construyen la mala suerte con ese pesimismo innato que quema hasta la sonrisa más alegre y desinteresada. Saber caer es importante pues sólo queda levantarse. Caer en sí no tiene un significado glorioso sino es por su emparejamiento con su antónimo. "Torres más alta han caído" que jamás se volvieron a levantarse. Y aún así, el Mundo continúa. De caída en caída.

miércoles, 11 de mayo de 2016

EL ESPEJO

Lo que realmente importa es lo que está dentro de nosotros. Aunque sea en lo más profundo de nosotros mismo. Sin embargo, estamos constantemente preocupándonos por todo lo que nos rodea fuera de nosotros mismos. Redundantemente, pero, ¿es una paradoja o simplemente inconsciencia de nosotros mismos? -una vez más "nosotros mismos"-. Yo qué voy a saber. Todo me parece bien, incluso lo malo cuando es inevitable. Las cosas se podrían simplificar a evitables o inevitables. Las primeras te joden por la estupidez de haberlas dejado ocurrir; las segundas, te joden, igualmente, pero su inevitabilidad sirve para poner como excusa a la mala suerte. Que no, que la suerte existe; y la mala también. Que eso de que cada uno se busca su suerte es absurdo, porque el azar existe y no puede ser controlado. Cada uno se busca su destino podría ser, pero sería algo distinto a la suerte me temo. El hombre desea controlarlo todo, hasta la idea de Dios si me ponen. Dios podría ser cualquier cosa, pero nos empeñamos en delimitarlo o expandirlo en tanto convenga a los sectores más espirituales de la Sociedad. Llevamos el mercadeo por nuestras venas. Lo último sería llevar a idea de Dios al zoco de los domingos matinales. Siempre buscando fuera de nosotros explicaciones que nos reconforten de nuestros propios sentimientos y deseos frustrados o impedidos por los caminos insondables del Ente Social. Lo más ingenioso ha sido eso de mirarse al espejo para verse a uno mismo, pero a muchos con reconocer su propia imagen les bastaría. A otras, les fastidia el espejo y mirarse en ellos como envejecen sin piedad. Las hay que se obsesionan con eso de los años de mala suerte cuando uno se rompe. Ciertos indígenas tienen razón cuando creen que la fotografía roba el alma, como el espejo atrapa el espíritu de la belleza y la juventud. Parece ser que lo que importa no importa tanto. Es preferible una imagen bella y joven aunque sea de un alma corrupta. No se sorprendan:  si todos somos corruptos en el fondo significa que todos somos bellos. El espejo es un engendro del demonio -alguien diría seguro- que pone a prueba la coquetería de cada uno en su reflejo.

EL ESPEJO

Lo que realmente importa es lo que está dentro de nosotros. Aunque sea en lo más profundo de nosotros mismo. Sin embargo, estamos constantemente preocupándonos por todo lo que nos rodea fuera de nosotros mismos. Redundantemente, pero, ¿es una paradoja o simplemente inconsciencia de nosotros mismos? -una vez más "nosotros mismos"-. Yo qué voy a saber. Todo me parece bien, incluso lo malo cuando es inevitable. Las cosas se podrían simplificar a evitables o inevitables. Las primeras te joden por la estupidez de haberlas dejado ocurrir; las segundas, te joden, igualmente, pero su inevitabilidad sirve para poner como excusa a la mala suerte. Que no, que la suerte existe; y la mala también. Que eso de que cada uno se busca su suerte es absurdo, porque el azar existe y no puede ser controlado. Cada uno se busca su destino podría ser, pero sería algo distinto a la suerte me temo. El hombre desea controlarlo todo, hasta la idea de Dios si me ponen. Dios podría ser cualquier cosa, pero nos empeñamos en delimitarlo o expandirlo en tanto convenga a los sectores más espirituales de la Sociedad. Llevamos el mercadeo por nuestras venas. Lo último sería llevar a idea de Dios al zoco de los domingos matinales. Siempre buscando fuera de nosotros explicaciones que nos reconforten de nuestros propios sentimientos y deseos frustrados o impedidos por los caminos insondables del Ente Social. Lo más ingenioso ha sido eso de mirarse al espejo para verse a uno mismo, pero a muchos con reconocer su propia imagen les bastaría. A otras, les fastidia el espejo y mirarse en ellos como envejecen sin piedad. Las hay que se obsesionan con eso de los años de mala suerte cuando uno se rompe. Ciertos indígenas tienen razón cuando creen que la fotografía roba el alma, como el espejo atrapa el espíritu de la belleza y la juventud. Parece ser que lo que importa no importa tanto. Es preferible una imagen bella y joven aunque sea de un alma corrupta. No se sorprendan:  si todos somos corruptos en el fondo significa que todos somos bellos. El espejo es un engendro del demonio -alguien diría seguro- que pone a prueba la coquetería de cada uno en su reflejo.

martes, 3 de mayo de 2016

LO QUE ES INEVITABLE

Perdonar para vivir. No hay más remedio. No podemos entrar en la vorágine de estar siempre pensando en las cosas negativas que nos han hecho algún que otro ser inmundo. Ya tenemos bastante con el precio que nos hará pagar el cerebro por ello durante toda la existencia. El cerebro no olvida. Así que, aunque perdonemos, siempre estarán ahí las consecuencias que el cerebro quiera aportarnos en forma de trauma o neura. Perdonar es relativo (ya saben, casi todo es relativo) igualmente. Hay cosas que jamás se perdonan, supongo. Tampoco es para arrancarse las vestiduras, o los ojos. Y, sin embargo, hay circunstancias, aquellas menos comprensibles para nuestra conciencia que, sin perdón, nos abocarán a una mísera existencia vital. Es ahí dónde entra ese "perdonar para vivir". ¿Qué circunstancias? Impredecibles ¿Cómo darse cuenta de ello? Impredecible. Espero que en este punto del post se hayan dado cuenta de la levedad y relatividad de las emociones; de la enorme levedad y relatividad del pensamiento humano. Hay quien sólo puede vivir "sin perdón". Es la guía que sustentan sus existencia. ¡Claro que es triste! Nadie podría expresar  lo contrario. Pero a lo que me lleva es a asegurar que el vivir, como infinitivo, está inundado de perdones, no perdones, y venganzas. Forman parte de nuestros anhelos sentimentales más íntimos. Y no hay por qué torturarse por ello. El Mundo gira más despacio de lo que parece, y uno camina a la par, improvisando cómo superar los contratiempos emocionales agresivos, y los no tan agresivos. Perdonar, vivir...y caminar. Hasta que uno se canse.

LO QUE ES INEVITABLE

Perdonar para vivir. No hay más remedio. No podemos entrar en la vorágine de estar siempre pensando en las cosas negativas que nos han hecho algún que otro ser inmundo. Ya tenemos bastante con el precio que nos hará pagar el cerebro por ello durante toda la existencia. El cerebro no olvida. Así que, aunque perdonemos, siempre estarán ahí las consecuencias que el cerebro quiera aportarnos en forma de trauma o neura. Perdonar es relativo (ya saben, casi todo es relativo) igualmente. Hay cosas que jamás se perdonan, supongo. Tampoco es para arrancarse las vestiduras, o los ojos. Y, sin embargo, hay circunstancias, aquellas menos comprensibles para nuestra conciencia que, sin perdón, nos abocarán a una mísera existencia vital. Es ahí dónde entra ese "perdonar para vivir". ¿Qué circunstancias? Impredecibles ¿Cómo darse cuenta de ello? Impredecible. Espero que en este punto del post se hayan dado cuenta de la levedad y relatividad de las emociones; de la enorme levedad y relatividad del pensamiento humano. Hay quien sólo puede vivir "sin perdón". Es la guía que sustentan sus existencia. ¡Claro que es triste! Nadie podría expresar  lo contrario. Pero a lo que me lleva es a asegurar que el vivir, como infinitivo, está inundado de perdones, no perdones, y venganzas. Forman parte de nuestros anhelos sentimentales más íntimos. Y no hay por qué torturarse por ello. El Mundo gira más despacio de lo que parece, y uno camina a la par, improvisando cómo superar los contratiempos emocionales agresivos, y los no tan agresivos. Perdonar, vivir...y caminar. Hasta que uno se canse.