domingo, 26 de febrero de 2017

LA MAZMORRA OSCURA

Todos tenemos una mazmorra oscura donde guardamos los más íntimos secretos emocionales. Son recuerdos emocionales que jamás verán la luz, ni siquiera cuando la muerte venga a visitarnos. Sin melodrama. Son sólo para nuestros ojos. Para llorar a oscuras cuando nadie nos ve. O para vivir placeres prohibidos o no prohibidos que no pueden ser revelados por alguna razón social más que racional. Es la "Torre de Londres" del sueño literario de Shakespeare.  Dice la leyenda que cuando los cuervos que revolotean por la Torre desaparezcan, Inglaterra desaparecerá. Es una leyenda tan irónica como romántica. Así es nuestra mazmorra oscura, alejada de cualquier conexión neuronal que pueda servir como coadyuvante para una posible fuga de las emociones y sentimientos  encerrados hasta el fin de los días. Quien no posee en su interior una mazmorra oscura, bien por negligencia emocional, bien por autodestrucción, se enfrenta a una lucha voraz contra sí mismo, sus ideales, sus sentimientos, emociones, convicciones y conciencia que le llevará a una inadaptabilidad emocional que conduce a cierto grado de demencia. Las enfermedades mentales serán un caballo de Troya para las relaciones humana a nivel mundial. Será una de las enfermedades devastadoras del futuro cercano si no lo son ya. Pero no nos vamos a flagelar por ello, pues, para eso tenemos nuestra mazmorra oscura en algún lugar de nuestro cerebro. Y descubrirán ese lugar  esté  donde se halle. Y crearán medicamentos para reparar y solucionar los desperfectos de nuestra mente. Mientras tanto, Sería mejor expresar nuestras pesadumbre  en forma de versión actualizada del poema de amor místico de la "Noche Oscura del Alma" de San Juan de la Cruz.  Nada está inventado emocionalmente que no haya pasado por nuestros antepasados, aunque nuestras emociones sí que sean eternas.

domingo, 19 de febrero de 2017

FELICIDAD A LARGO Y CORTO PLAZO

A nadie se le escapa que la felicidad tiene fases que duran más en el tiempo que otras, que suelen ser más momentáneas por así decirlo. Y eso parece que tiene cierta relación con la memoria. Dicen que comprar nos hace más felices, según algunos estudios contrastados, porque el hecho de comprar se nos mantiene más a largo plazo que otros placeres. Ah, ya he escrito la palabra que quería dejar para el final, por lo de la intriga y eso. "Placeres". Son los que se marcan en nuestra memoria. Pero, entonces, placer sería sinónimo de felicidad. Ya saben que no me gustan los sinónimos, ni las casualidades. Los placeres pueden iluminar las mismas zonas del cerebro que la felicidad (eso si es cierto que han encontrado las zonas que se iluminan cuando uno es feliz), y tal vez tenga que ver algo con la felicidad en tal caso, o que forme parte de ella. Pero hay muchas otras sensaciones que encienden la mismas zonas. ¿Son también felicidad?, o placeres. La memoria, por otro lado, puede tener que ver con la felicidad. Pero son más felices lo que tienen más memoria o los que tienen menos, a largo o a corto plazo. Comprar produce dopamina si no me equivoco. Las adicciones también. El placer y las dopaminas. Las dopaminas y las adicciones. Y las adicciones con el placer. Por último el placer con la felicidad. No sé. Vayan a comprar si quieren ser felices, o creer que son felices, porque eso me suena a un mensaje del más puro y devorador consumismo. Por qué no me leo un libro o escribo un poema de amor. También vale cualquier otro, porque también dicen que escribir poemas de amor o de otra índole espiritual nos hace  sentir más felices. Comprar da placer, eso dicen, y hacerlo compulsivamente, es una adicción, pero ¿no sería felicidad en su máxima potencia? ¿éxtasis tal vez? ¿nirvana? No. Es Ansiedad como poco. Entonces, comprar, ¿no sería la antesala de la adicción? como dicen que fumarse un porro es la antesala de la drogadicción. Creo que la felicidad no es tan banal como ir de compras, aunque te produzca cierto placer neuronal, que lo produce, sin dudarlo. Algo así como meterse en decir que sexo y amor son sinónimos. Algo así. Dichosos sinónimos.

martes, 14 de febrero de 2017

LA METACIENCIA

La Ciencia empieza a ser una feria de estudios de los que no se sabe a donde nos van a llevar. Resulta que todo acto científico debería ser reproducido por terceros con los datos originales para la autentificación de cualquier estudio concreto. Pero claro, con tantas patentes y demás  derechos industriales, de autor, etc cualquiera reproduce hoy en día un banal experimento. Así son las cosas. Pero la consecuencia es que el número de experimentos y estudios científicos ha aumentado de forma descontrolada en los cuales los sesgos participativos aparecen con frecuencia. Piensen simplemente en los patrocinadores que esperan que la Ciencia les dé la razón, al menos en parte, como contraprestación a una inversión científica. Si una empresa cafetera, por ejemplo, patrocina un estudio científico sobre los efectos del café, espera el mínimo que se resalte los beneficiosos sobre los perjuicios. Para eso patrocina, para justificar que su producto tiene el apoyo científico de cara a la venta. Por otro lado, cuántos estudios y experimentos son un desperdicio de recursos por su nula aplicación social. Cuántos estudios han llevado a malas praxis basados en datos erróneos o insuficientes. Véase el famoso estudio económico que originó la tesis de la contención económica en la última crisis, esa que todavía nos dura, y que resultó ser un fiasco de estudio basado en un horripilante procesamiento de datos parcialmente informados y sin casi rigurosidad. Pero claro, la Economía no es una ciencia en sí misma, pues se expresa como "Ciencia Social". Parece que la Ciencia se está convirtiendo en un caballo al que hay que mirarle los dientes antes aceptar sus propuestas y teorías. El prestigio de la Ciencia como baluarte del progreso social y humano está perdiendo de vista los orígenes. Pero si llega el momento en el que la Ciencia se convierte en "late show" al servicio del consumismo y pierde el respeto de la Sociedad, ¿en qué se va a poder creer? No me digan que en dios, pues parecería que todo es un plan urdido por los poderes fácticos para alcanzar tal fin. Sería una paranoia, sin duda, conspiratoria. Ironía aparte, la Ciencia es lo único que nos separa de la barbarie de los pensamientos retrógrados y represivos. Aunque, para ser justos, también el pensamiento crítico, ese que tanto falta en los planes de estudios.

miércoles, 8 de febrero de 2017

LA TEORÍA DE LOS ANTIGUOS

Dicen que el ocultista Kenneth Grant se aventuró con la Teoría de los Antiguos después de haber leído la obra de Lovecraft. Será cosa de pérfidas lenguas; pero no me extrañaría nada que tuviera algo de cierto, pues en este mundo el azar es impredecible. La teoría de los astronautas o de los alienígenas ancestrales es un halago a la imaginación más fantástica y un elogio a la suposición pseudorealista más brillante. La irracionabilidad de pensar que nuestra existencia ha sido programada y creada por un ente llamado Dios a estas alturas científicas no hace que pueda mantenerse el ideal del creacionismo. ¿Qué hacemos entonces con aquellos que necesitan "creer"  en una supremacía espiritual y divina superior a la de un ser humano? Fantasía y realidad se funden en argumentos pseudocientíficos llenos de alardes literarios y fundamentos lingüísticos capaces de convencer al oyente de las huellas dejadas por los extraterrestre a lo largo de los siglos de existencia de las civilizaciones que han habitado el planeta Tierra. Hay personas que necesitan pensar que el ser humano no es más que un conejillo de indias experimental de civilizaciones más avanzadas venidas del espacio, posiblemente por el rechazo visceral hacia el comportamiento contradictorio y destructivo del ser humano hacia cualquier tipo de Naturaleza, incluida la suya propia. La opción de no creer no es viable para el ser humano. Sería la antítesis de todo lo que nos ha llevado a ser lo que somos. Es la creencia (no necesariamente de Dios) lo que ha movido al hombre al descubrimiento del Universo, con todos sus pesares y luchas. Nadie puede decir que no cree en nada,  a no ser que esté muerto, pero éstos, no tienen ni voz ni voto en este valle de lágrimas, como diría el poeta.

miércoles, 1 de febrero de 2017

LA CATARSIS DEL POETA

Nada mejor que leer  "el Origen de la Tragedia" de Nietzsche para darse cuenta de que la poesía encierra un mecanismo engrasado de un cierto nihilismo interior y de un malogrado pensamiento trágico hacia lo más tenebroso de nuestros corazones. La poesía sólo se da en los territorios inhóspitos de nuestras conciencias. Así que en sí mismo, todos tenemos algo de poesía en nuestro pensamiento. Sólo hay un camino para aflorar esa poesía tan intimista, y pasa por la transformación o la catarsis del poeta en un ser empático hacia la Naturaleza en general, y hacia el ser humano en particular. Así bien, el aspirante a poeta debería probar el método Stanislavki como guía para alcanzar esa catarsis tan llena de sensaciones, sentimientos y sensibilidades que encierra el alma humana en el seno de la Naturaleza. El poeta debe tomar el camino de la inmersión y la interiorización de las emociones de todas las cosas que rodean el Mundo, las que se pueden tocar, las intocables, los tabúes, lo abstracto, lo concreto, lo absurdo, etc. La poesía pasa por un desgarro del lenguaje hacia la búsqueda de la paz interior, el lugar de donde surge la belleza en su apreciación estética. Y ésta surge tanto de la influencia de Dionisio en representación de pesimismo humano hacia el Universo como de Apolo, en su alarde de compostura y optimismo hacia el futuro. Llámenlo como quieran, el Bien y el Mal, la Virtud y el Pecado, Cielo y Tierra. etc. (ya van dos etc., nos acercamos al límite de los tres que siempre me impongo). En consecuencia, es razonable pensar que es díficil ser poeta aunque uno escriba versos. El Mundo que conocemos parece girar sobre una dualidad que se hace eterna para el ser humano y sus maquiavélicas obsesiones sociales y convencionales, y esa dualidad es la que enfrenta al poeta al Mundo y hace que las palabras sean su único refugio hacia la esperanza de alcanzar la paz y la felicidad que todos anhelamos. Esa es la ineludible catarsis del poeta.